Nuevo libreto, mismo resultado Los Filis encuentran su camino de vuelta a la Serie de Campeonato LN

Por Jayson Stark
ESPN.com
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DENVER -- Los campeones han estado aquí antes, transitando por esta misma autopista en octubre.
Ellos saben a donde conduce este camino. Ellos conocen cada curva del camino. Todo les parece muy familiar. Casi se siente lo mismo. Excepto que no es así -- debido a que no lo es. Al igual que los Filis del 2008 antes que ellos, los Filis del 2009 se encaminan a su cita en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional con los Dodgers en Octubre. Ellos saben que ahora, sabiendo que luego de ganar un juego memorable en la Serie Divisional, los libros de records y las memorias el lunes -- una victoria dramático 5-4 sobre un equipo de los Rockies que llegó a estar a un strike de forzar un Juego 5 que hubiese reescrito todas sus historias. Fue un juego en el que parecía que los Filis tenían todo para ganar, menos la victoria, ya que aparentaba que el mismo se inscribiría en los anales de las más trágicas derrotas de los Filis de todos los tiempos. Y entonces, con dos outs en la novena, se levantaron de nuevo para ganar un partido tan espectacular que muchos de los que participaron en el mismo lo calificaron como el más grande del que hayan sido parte jamás. "Este quizás sea mi juego favorito de toda mi carrera," dijo el relevista Scott Eyre, quien pasó de cojear saliendo del terreno el domingo en la noche a lanzar la novena entrada el lunes. "Yo colocaría este juego como el No. 2," dijo el campocorto/rey de los filósofos Jimmy Rollins, "porque el Juego 5 de la Serie Mundial, ese es el No. 1 para mí. "Y No. 1½," dijo Rollins, al recordar que la festividad se dividió en dos partes debido al clima -- recuerden, el Juego 5 del año pasado fue suspendido por lluvia luego de 5½ entradas y completado dos días después. "Así que imagino," dijo, riéndose de lo absurdo del comentario, "que este tiene que ser el No. 2½." Pero donde sea que se ubique, fue una victoria que elevó a estos Filis a una clase más especial de campeones defensores, una que ni siquiera ellos mismos se han dado cuenta. He aquí las razones: De todos los equipos de la Liga Nacional que han ganado una Serie Mundial en el último siglo y un poco más, los Filis son apenas el quinto equipo, créanlo o no, en recuperarse para ganar una serie postemporada al año siguiente. Ellos son el primer equipo en lograrlo desde los Bravos de 1995-96. Antes de ellos, estuvieron los Rojos de 1975-76. Y antes de esos dos, uno tiene que viajar hasta la era de piedra del béisbol, los Gigantes de 1921-22 y los Cachorros de 1907-08. Y eso es todo, amigos. Así que cuando la gente habla acerca de cuan duro es repetir un campeonato, uno los puede detener ahí mismo. ¿Repetir? Es suficientemente duro ganar siquiera una serie la próxima vez. "Muchas veces," dijo Rollins, "Pienso que uno se enfoca en repetir y pensar que va a suceder de nuevo. Bueno, no va a suceder de nuevo así tan fácil. Uno tiene que salir y lograrlo. Cada año es una historia diferente. Cada juego tiene un final diferente. "Uno está en una posición diferente ahora. La gente no nos mira como el equipo que puede ser buen pero que no ha hecho nada todavía. Ellos te miran como los campeones. Y te quieren vencer. "Así que pienso," dijo, "por eso es que nunca utilizamos la palabra 'repetir,' porque uno se queda atrapado en el hecho de que podría suceder de la misma manera. Uno piensa que podría suceder, ¿cierto? Noooooo. Uno tiene que hacer que suceda. Cada pitcheo, cada turno, uno tiene que encontrar la manera." Y ese fue un juego que quedará como prueba viviente de como de manera intuitiva este grupo entiende este concepto. "Hablamos sobre esto todo el tiempo," dijo el jardinero derecho Jayson Werth, menos de una hora después de haber conectado el hit más grande de su vida. "Un día a la vez. Un juego a la vez. Un pitcheo a la vez. Esa es la mentalidad de este equipo." Pero mientras procesan estas mágicas victorias en incrementos pequeños, también tienen un entendimiento especial del significado del destino. Cuando uno gana cualquier Serie Mundial, te marca tu carrera para siempre. Pero cuando ganas dos, entonces dejas de ser un equipo que llegó de casualidad a la alfombra mágica una vez. Eres un equipo que la historia nunca olvidará. "Pienso que estamos muy enfocados en ganar de nuevo," dijo Brad Lidge, luego de su segundo salvamento de postemporada en menos de 24 horas. "Pienso que realmente lo podemos hacer. Y pienso que ademas sabemos que si podemos … hemos forjado algo bonito en este juego. Tenemos muchos tipos con caminar arrogante en este equipo. Y estos tipos no quieren ser conocidos como ganadores de una sola Serie Mundial. Queremos estar en la misma oración con algunos de los más grandes equipos que jamás hayan jugado." Pero su lugar en esa oración todavía se encuentra a ocho victorias de distancia. Y como se les recordó el lunes una vez más, cada una de ellas en esta época del año puede ser un ataque al corazón a punto de pasar. No es que no lo hayan sabido por las primeras dos horas que estuvieron allá afuera. Por 7½ entradas serenas, los Filis se apoyaron en la brillantez de Cliff Lee y dos jonrones solitarios (de Werth y Shane Victorino) para llegar a la octava entrada en ventaja 2-1. Pero con este equipo, nunca es tan fácil. No puede ser tan fácil. "Sereno" es una palabra que ha sido sacada del diccionario de este equipo. Asi que, por supuesto , la parte baja de la octava entrada pudo haber sido sacada de una línea de una novela de Stephen King. Por supuesto , Lee -- como la maquina de lanzar strikes que es -- podría embasar al novato Dexter Fowler con cuatro pitcheos con uno fuera en la octava. Y por supuesto, Fowler entonces haría algo que uno vería solamente en un video del vallista Edwin Moses -- pasarle por encima a Chase Utley para evitar ser puesto fuera en un rodado conectado por Todd Helton a la segunda base. "Eso," diría Rollins luego, sacudiéndose la cabeza como quien no quiere creer lo que pasó, "fue algo loco." Entonces, por supuesto , el relevista más confiable de los Filis, Ryan Madson, llegaría y haría las cosas más alocadas. Por supuesto , Madson sería rescatado por la Mejor Jugada de Octubre del 2009 (hasta ahora) -- una atrapadada en zambullida de un batazo conectado por Troy Tulowitzki a manos del jardinero izquierdo Ben Francisco, quien había entrado a juego en un doble cambio tres segundos antes. Y por supuesto , en los siguientes tres lanzamientos luego de que la ola de impacto terminara de pasar por encima de Coors Field, Madson permitiría un sencillo para empatar el juego al emergente Jason Giambi, seguido por un doble de dos carreras a Yorvit Torrealba que aparentaba poner el juego en caja de seguridad. Y luego, en cuestión de minutos, todo en esta serie cambió. Los Rockies estaban al frente -2. Se presagiaba un Juego 5 el martes, a unas 1,500 millas en Filadelfia. Y no eran los campeones quienes tenían el momentum. Pero debemos mencionar aquí que este octubre no ha sido uno divertido para los Grandes Cerradores de Estados Unidos. Pueden preguntarle a Joe Nathan. Pueden preguntarle a Jonathan Papelbon. Y ahora le pueden preguntar al cerrador de los Rockies Huston Street. Él es un hombre que había desperdiciado dos salvamentos en toda la temporada, un hombre que había convertido los mejores bateadores de la tierra en un montonal de réplicas de Alexi Casillas, permitiéndole a los contrarios un promedio de apenas .194, con porcentaje de embase de .236. Así que no había nadie más confiable a quien los Rockies le pudieran dar la pelota. Pero mientras Street llegaba a la lomita, y el Coors Field se estremecía con euforia, uno nunca sabría, por la escena que se veía en el dugout de los Filis, que los campeones habían sido degradados a una condición casi crítica. "Este es un equipo bien suelto," dijo Werth. "Somos bien calmados y bien sueltos, todo al mismo tiempo. Así que el ambiente en el dugout era bien calmado, muy profesional. Sabíamos lo que teníamos que hacer. Teníamos un trabajo que hacer en lanovena entrada. … En ningún momento sentimos que estábamos fuera del juego. Siempre sentimos que estábamos en el partido. Solo queríamos hacer nuestro trabajo." Así que por segundo día consecutivo, Rollins puso las cosas en movimiento en la novena, esta vez con un hit con un out. Pero cuando Victorino fue forzado en segunda base, los los Rockies se encontraban a un out de la victoria. Y con Utley en camino hacia el plato. Street caminó por el lado de la primera base de la lomita. Utley suavizó el terreno en la caja de bateo. Coors Field se sentía como si un terremoto hubiese surgido debajo de la grama del cuadro interior. Los Rockies habían jugado un millón de juegos como este en los últimos meses. Ellos ganaron 17 partidos en su último turno al bate. Ellos habían visto a Street lograr cada gran out. No había razón para imaginarse lo que estaba a punto de pasar. Pero Utley hizo lo que tenía que hacer -- trabajar una base por bolas en seis lanzamientos en un duelo pulsante que se sintió como si hubiese durado una hora. Y eso trajo al plato a Ryan Howard -- para el turno al bate de su vida. Si se suponía que su cabeza estuviese golpeteandole, si se supone que su corazón estuviese a punto de salírsele del pecho, claramente el fortachón toletero nunca ha recibido ese memorando. "Hay presión, creo, pero no me importa," dijo Howard. "Yo quiero estar en esta situación." Llevó el conteo a 2-1. Se salió de la caja de bateo y vió a Street ajustarse su gorra. Estaban rodeados por 49,940 testigos, cada uno de ellos de pie, temblando nerviosamente. Howard se paró en el plato, apuntó su bate hacia Street y se preparó. Street tenía que lanzar un strike. Pero no tenía que dejar su recta en el mismo medio del plato. Howard se abalanzó encima de ella, conectando un lineazo que parecía que se había quedado atrapado en el ozono de Colorado por siempre. Pero la pelota viajó por encima de la cabeza de Carlos González, dio un brinco extraño y se quedó muerta en la franja de advertencia. Así que no había manera que dos corredores tan veloces como Victorino y Utley no anotaran, ¿cierto? Eh, no tan rápido. Victorino perdió noción de la pelota, falló en tocar la tercera, miró por un momento como si se fuese a caminar directamente hacia el dugout y luego miró para encontrar a González buscando la pelota y a Utley corriendo detrás de el como un toro corriendo por Pamplona. Así que Victorino reinició sus motores, tocó la tercera, se encarriló hacia el plato, y anotó cerca de un cuarto de segundo antes que Utley. De momento, el juego estaba empatado. Pero lo que todo el mundo en el camerino de los Filis quería saber era: ¿qué diablos le pasó a Shane Victorino? "Estas fueron sus palabras exactas: 'Fue un momento en que sufrí de ADD (desorden de déficit de atención, por sus siglas en inglés),'" reportó Rollins. "Dijo que estaba tratando de ver la pelota. No se la razón. … "Pero tenía que anotar," dijo Rollins, "porque no quería ser vencido." Cinco lanzamientos más tarde, era el turno den Werth. Street le sirvió un slider en conteo de 2-. Werth lo depositó en el predio cortó del jardín derecho. Howard corrió como loco hacia el plato. Werth agitó su puño hacia el dugout. Y ahora eran los Filis los que estaban a tres outs de la victoria.Y sorprendentemente, el relevista que Charlie Manuel había escogido para sacar esos outs no era otro más que Eyre, un tipo que la noche anteriores había sido visto con un tobillo lastimado, sin mencionar que era un tipo que no había conseguido salvar un partido en serie regular desde el 2004. Al serle preguntado como se recuperó tan rápido, Eyre reveló: "Tengo una buena cinta." Él y su cinta se pusieron a un out del final. Eyre logró sacar a Eric Young Jr. y Fowler, entremedio de un sencillo de González -- su décimo de esta serie. Pero cuando Helton mantuvo el juego vivo con un rodado por el medio, Manuel salió hacia el montículo y apuntó hacia el distante bullpen. Ahora era el juego de Brad Lidge. Increíblemente, se había encontrado en la misma situación la noche anterior: Dos en base. Dos fuera. Y Tulowitzki en el plato. La noche anterior, , Lidge lo había retado con rectas. Esta vez, el renacido cerrador sabía que tenía que cambiar las cosas. Así que le sirvió cuatro sliders consecutivos y llevó el conteo a 2-2. El receptor Carlos Ruiz fue hasta la lomita. Entre ambos acordaron que era el momento para un slider final. Ruiz elevó su guante y susurró a través de la careta: "Dame una buena." Bueno, Brad Lidge recibió el mensaje. Brilló. Triunfó. Lanzó uno de sus brillantes sliders sacado de su libro de jugadas del 2008. Tulowitzki comenzó a hacer swing, trató de contenerse pero no pudo. Y los Filis se convirtieron en el quinto equipo en la historia en la Liga Nacional en ganar cuatro series consecutivas en postemporada. Pero eso no es todo. De acuerdo con el Elias Sports Bureau, ellos fueron tan solo el noveno equipo en la historia en ganar un partido de postemporada en el que se encontraban abajo por dos carreras y a un out de perder. Tan solo un campeón defensor había ganado un juego de postemporada como ese -- los Yankees del 2001 (dos veces). Pero estos Filis son un grupo que siempre está buscando en esa sección en los libros de historia. "No jugamos este juego," dijo Rollins, "para alejarnos en octubre y decir, 'Bueno, fue una gran temporada. Nos vemos en la primavera.' Tenemos algo que probar en este equipo. "Queremos ser reconocidos como ganadores. Queremos ese legado. Queremos ser reconocidos de la manera en que se reconoce a Nueva york y Boston. Eso es todo lo que uno escucha. Queremos tener un pedazo de eso." Él sabe -- todos ellos lo saben -- solo hay una manera de hacer eso: No es solo ganar una vez. Es ganar de nuevo. Y estos Filis saben exactamente desde cuando un equipo de la Liga Americana ganó una vez y repitió su triunfo. "Desde el 1976, ¿cierto?" dijo Jimmy Rollins. "La Gran Maquinaria Roja. "Ojalá," dijo el campocorto, en su característica filosofía, "que nos llamen a nosotros la Pequeña Maquinaría Roja."
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